Actividad física y salud mental en adolescentes: una alianza clave para el bienestar

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Cada vez hay más evidencia de que la actividad física no solo mejora la salud muscular y cardiovascular de niños y adolescentes,

La actividad física se consolida como una herramienta clave para mejorar el bienestar adolescente

Cada vez hay más evidencia de que la actividad física no solo mejora la salud muscular y cardiovascular de niños y adolescentes, sino que también tiene un impacto positivo en su salud mental. En chicos que atraviesan contextos de vulnerabilidad —quienes suelen presentar mayores niveles de depresión y baja autoestima—, los programas de movimiento aparecen como una estrategia especialmente prometedora.

Tipos de programas

  • Programas de aventura al aire libre: incluyen experiencias como escalada, orientación o canotaje y buscan generar aprendizaje a través de desafíos reales. La evidencia sugiere mejoras en el autoconcepto, aunque muchos estudios presentan limitaciones metodológicas.
  • Programas deportivos y de desarrollo de habilidades: promueven la práctica de deportes individuales y colectivos y el fortalecimiento de habilidades motoras y sociales. Si bien muestran potencial, la evidencia empírica aún es acotada.
  • Programas de fitness físico: se centran en ejercicios estructurados para mejorar la condición física. Diversos estudios indican que pueden elevar la autoestima y reducir síntomas depresivos tanto a corto como a largo plazo.

Qué dicen las conclusiones

Aunque todavía no hay suficiente investigación para determinar qué programa funciona mejor para cada perfil, el consenso es claro: la actividad física, en sus distintas formas, puede generar beneficios psicológicos relevantes.

Las recomendaciones varían según la edad. Para los niños más pequeños, se sugiere priorizar programas de desarrollo de habilidades motoras, ya que estas se adquieren mejor en la primera infancia y predicen niveles futuros de actividad física y autoconfianza.

En cambio, para niños mayores y adolescentes, los programas deportivos ofrecen múltiples beneficios potenciales, aunque su impacto real a veces es difícil de medir debido a los desafíos para reclutar y retener a esta población.

Para los adolescentes mayores que atraviesan situaciones de vulnerabilidad, los programas de fitness estructurado aparecen como una de las apuestas más sólidas. Además de mejorar la salud física, permiten trabajar habilidades como la fijación de metas, el autocontrol y la autoevaluación.

En un contexto donde crecen las preocupaciones por la salud mental en la infancia y la adolescencia, la actividad física se perfila como una herramienta accesible y con múltiples beneficios. Si bien aún queda camino por recorrer en términos de evidencia a largo plazo, los especialistas coinciden en que moverse más y mejor puede ser parte de la solución.

El desafío ahora no es solo diseñar buenos programas, sino también lograr que más chicos y adolescentes se sumen y sostengan el hábito en el tiempo. Porque, más allá de los resultados inmediatos, fomentar una relación positiva con la actividad física desde edades tempranas puede tener efectos que acompañen durante toda la vida.

Mulligan, A., Lubans, D., Plotnikoff, R., & Lubans, N. (2020). A systematic review of physical activity and quality of life and well-being. BMC Public Health, 20, 1198. https://doi.org/10.1186/s12889-020-09214-z

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